martes, 8 de noviembre de 2011

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Desenrédate cantaba un miserable
Injuriando a la pequeña
Claro está le decía el abuso de eufemismos
Y de palabras de paroles tan bonitas
Entre tanta corrida y sudor
Que la boca se reduce al tamaño
De una cereza roja y tus mejillas
Se reducen al parecer una cereza
El problema prosiguió es más bien simple
Aunque repulsivo como mi persona
¿Acaso usted no se aguanta la respiración
Al tenerme cerca?
Como bien decía es
Áspero como mis manos astilladas
Camuflado como mis paroles tan bonitas
Y la mujercilla pareciera haber fruncido el ceño
Porque nuestro repugnante amigo se le acercó
Dos pasos y tocó la pureza de su cara
Con esos dedos cortados repletos de carnosidades
Voluptuosas montañitas de carne tajantes al roce
Y pensaba en esos mantos sucios repletos de tierra
Que lo cubrían al pobre miserable ese
Tan miserable tan desagradable le era
Como aquellas personas que habían vendido
Su alma al diablo del crisol
Que fraguaban sus propias manos
Y después se atrevían a desear
Caras puras con montañitas de carne
¡Como le repugnaba ese mundo tan ruin tan vil!
Sentía una puntada en lo más hondo de su cara
De su espejo pulcro como sus manos
Porque siempre se consideró
Dominada por su patética vulnerabilidad
¿Cómo acaso no habría de dar pan a un mendigo?
¿Cómo acaso me miras a los ojos
Con tal salvajismo con tal concupiscencia?

domingo, 30 de octubre de 2011

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Un reloj que no avanza.
Una mancha en la pared.
Un cigarrillo que se consume
Ella mira
El vacila en un
A donde vamos?
A veces nos sentimos seguros
En el no saber
Porque es nuestra certeza
Nuestra única evidencia de que estamos vivos
Como hijos ignotos del cielo
Hijos del cielo ignoto
Es un círculo que nos rodea
Mientras nos abrazamos
Mientras nos miramos a los ojos
Con impudicia
Nos profanamos en esa liturgia
Nos embebemos en el santo seglar
En la oscuridad de la noche que es nuestra
Que es nuestro santuario primitivo
Donde nos excomulgamos asiduamente
Y volvemos a ser
A vivir errando
En un círculo que nos rodea
Que somos nosotros.

domingo, 5 de junio de 2011

lo que viene o va o viene y después nadie sabe que pasa


La imaginación me salvó otra vez
Cuando sin querer pensé en un hotel en el frío
Acostado en una cama sin frazadas sin nada
Con una ventana que me miraba desde la otra punta
Sin expresión con líneas rectas blancas
Con un vidrio limpio y un pedacito esmerilado
Y lo que veía del otro lado no era lo que estaba
Teñido por un color claro de luna
Un verde de luna que me esperaba más allá
De un vidrio de un marco blanco
Debajo de una pelota blanca arriba a la izquierda
En el cielo
Y hay un cigarrillo en mi boca que se deshace
Pero yo no me doy cuenta no lo siento sobre mis labios
Quemados por algún beso que no me tocó a mi
No siento como canta ese gorrión ahí afuera
Ni el frío de mis pies
Y ya ahí si que no entiendo bien
Porque los agujeros en la pared se vuelven aujeros
Y me acuerdo de ese hotel que parecía un témpano de hielo
Flotando por ahí medio a la deriva pero no tanto
Porque el agua tiene ese vaivén como cuando está adentro
De una palangana y vos la soplas y se hacen olas pero
Chiquititas que si no miras bien no las ves como a la baba
Del diablo que va y viene del éter hasta que se choca
Con una cara que puede ser la tuya y quizás te pones a pensar
De donde salió ese hilo y por qué se llama baba del diablo
Y no está metido debajo de la tierra si después de todo
El cornudo ese vive bien bien abajo metido adentro de la tierra
Como la gente que se caga de hambre y trabaja diez horas
Para poder comer pan y papas un mes entero y ahí paras y dejas
De pensar para ese lado porque sino te angustias
Y preferís quedarte con la sensación de que la imaginación
Te salvó otra vez aunque sea por un ratito.

viernes, 27 de mayo de 2011

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Como un par de niños,
Con sus sonrisas de vida
Sonrisas de niños sonrisas
Corridas por el viento
De verdaderos niños
De alabadores del sol
De la luna
Te pido que no perdamos la calma
Que la pongamos en un tarrito de cristal
Arriba en el cielo casa del diablo
Y sentados miremos para abajo
Y veamos las luces nuestros pies
Hechos fogatas pies quemados
Pies de estrellas
Y con un esbozo una caricia pequeña
Apagar el fuego
Y vivir, nada más que vivir.

lunes, 23 de mayo de 2011

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Miro por la ventana
Y una chica corre
La calle el sol
Corre sobre su sombra
La corre el tiempo que no la alcanza
Que no le alcanzan los días
Que con un dedo dibuja en el aire
Una sonrisa de fuego
Y con el otro pinta este mundo de papel
Que flotando en una respiración
En un abrir y cerrar del fuelle
En el trance de un teléfono que suena
Miro por la ventana
Y veo a una chica que corre.

martes, 10 de mayo de 2011

Pequeña historia que involucra maníes

Los maníes caen en ese charco color oro y se deslizan hasta tocar el fondo de ese mar de burbujas. Parece una niña con esa sonrisa de oreja a oreja viendo como las legumbres saladas bajan y suben y bajan y vuelven a subir, aunque su mirada diga otra cosa. Sí, ¿qué tal? Un café irlandés por favor. Hay algunas personas en el bar, parecen ser cinco clientes más, la iluminación no es muy buena. Es como si fuese otro mundo con otro cielo, donde nadie sufre esa vertiginosa estructuración crónica-enfermiza de la ciudad, en donde ese ritmo víctimario espera del otro lado de la puerta de vidrio. Ella está sentada en una mesa contra la ventana, hay dos vasos. Gracias, muy amable. Está mirando para afuera mientras un tenue murmullo flota en este aire estancado, que parece un colchón de nubes. El encargado del bar, del cual jamás podré recordar el nombre, es un buen compañero para esas interminables noches de invierno. Escuché muchas historias de pobres diablos a lo largo de mi vida, y aunque fuera entre vaso y vaso, puedo concluir que la clientela de esta taberna es totalmente lamentable, que algunas historias te llevan al hastío, a querer padecer de sordera y no tener que tolerar más a esos imbéciles, pero hay otras que te revientan el corazón. Y siempre es la misma historia con esa historia que nunca escuché.
Entonces Fermín largaba una risa histérica y su diafragma dejaba de contraerse correctamente y a veces le faltaba el aire. Tenía que sentarse en una banqueta o apoyar su cuerpo contra la pared y relajarse. Y cada vez que le faltaba el aire y tenía un momento de pensamiento involuntario, terminaba recordando su vida,  su casa, que era igual al bar, donde todo le era tan indiferente, tan apaciblemente molesto, tan raro. Y creo que se daba cuenta, mientras el diafragma se le contraía cada vez con más dificultad, que él era igual a esa gente, a la cantina, a todo, porque entonces abría la billetera y pedía que dejara la botella de ginebra. Yo le preguntaba si no creía que ya había bebido demasiado, y él me respondía que él diría cuando sería suficiente, así como pasan en las películas. Y este cliché cinematográfico renovaba esa extraña amistad sincrética que moría noche a noche, durante un invierno que pocas veces se da en la vida. Ese marzo se convirtió en un julio increíblemente frío, y Fermín cada vez se parecía más a un fantasma enano y morrudo, con la cara caída y los ojos tristes. No hablaré acerca de mi condición, pero me atreveré a decir que Fermín nunca se arriesgó a conversar con la muchacha por algún temor que desconozco. Yo sabía perfectamente que a él no le hacía bien venir acá, que ver ese vaso de cerveza sin tocar le hacía perder el aire. Pero era un gran actor y podía disimular muy bien la podredumbre que lo consumía lentamente. Hasta que un día me contó acerca de cuanto le hubiera gustado nacer en el campo, que odiaba la ciudad porque le recordaba a cosas feas, porque las ciudades se parecen a las piñatas, que contienen todo hasta que algo las hace reventar y ahí se va todo a la mierda, y con cada palabra que Fermín despedía por entre sus dientes, yo me percataba cada vez más y más que ya no lo vería nunca más. Y así fue. Fermín nunca se despidió de nadie, ni siquiera de mí. Ahora debe andar buscando las estrellas del campo y saboreando ese recuerdo amargo que le quedó de la ciudad. Y ella sigue acá, viendo como caen los maníes y suben y bajan y vuelven a subir. Y a veces yo también me prendo un cigarro, estiro las piernas y me deleito viendo como bajan y suben y bajan y vuelven a subir.